
La ONG Save
the Children ha advertido, hoy martes de que la desnutrición crónica afecta al
desarrollo cognitivo de los niños y contribuye a que, por término medio, los
menores peor alimentados estén un 20 por ciento menos alfabetizados que
aquellos que reciben una dieta con los nutrientes necesarios.
De
acuerdo con el comunicado divulgado, la falta de nutrientes dificulta el
desarrollo cognitivo del niño. Además, la organización ha alertado de los
"efectos negativos" de la desnutrición en el crecimiento económico
del país cuando los niños alcancen la edad para trabajar, ya que podrían ganar
hasta un 20 por ciento menos durante su vida laboral.
"La
mala nutrición está provocando una crisis de alfabetización en los países en
vías de desarrollo y es un gran obstáculo para seguir avanzando en la lucha
contra la mortalidad infantil", ha declarado el responsable de Programas
Internacionales de Save the Children, David del Campo. "Los líderes
mundiales deben comprometerse a buscar soluciones a esta crisis" ha
añadido.
A pesar
de que en las dos últimas décadas se ha reducido "casi a la mitad" la
mortalidad infantil en menores de cinco años, la desnutrición está actuando
como "un talón de Aquiles" en el desarrollo de los países más pobres,
de acuerdo con la ONG.
Una dieta
pobre en nutrientes puede perjudicar "severamente" la capacidad de
los niños para leer una frase o contestar correctamente preguntas básicas de
matemáticas, independientemente de la calidad de educación que haya recibido,
ha advertido Save the Children.
La organización ha estudiado miles de casos de
niños de Etiopía, India, Vietnam y Perú y ha concluido que a los ocho años, los
niños que sufren desnutrición crónica tienen más de un 19 por ciento de
posibilidades de cometer un error en la lectura de una simple frase como
"me gustan los perros", que los que están bien nutridos.
Asimismo,
tienen un 12,5 por ciento más de posibilidades de cometer un error en la
redacción de una frase sencilla y cometen un siete por ciento más de errores al
responder preguntas numéricas como "¿cuánto es ocho menos tres?", que
los que tienen una dieta adecuada.
"Me gusta el colegio, pero a veces me cuesta entender lo que el profesor
explica. Tengo hambre casi siempre. Muchas veces voy a clase con el estomágo
vacío y me duele. A veces pido permiso para irme antes de clase a ayudar a mi
madre", ha afirmado Adina, una niña etíope de diez años.





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