Alrededor de 368 millones de
niños es decir 1 de cada 5 niños reciben una comida en la escuela todos los
días en 169 países desarrollados y en vías de desarrollo. La inversión global anual
en estos programas asciende a unos $75 mil millones y proviene,
en su mayor parte, de los presupuestos de los gobiernos, según el informe.
A pesar de la naturaleza universal de la alimentación
escolar, la cobertura de estos programas es mínima en donde más se la necesita.
En países de bajos ingresos, en donde los niños tienen más posibilidades de
padecer pobreza y hambre, solo el 18 por ciento recibe una comida diaria en la
escuela, comparado con el cerca del 49 por ciento de los niños en países de
ingreso medio.
La alimentación escolar garantiza que en donde haya
educación de calidad, los niños podrán aprovechar la oportunidad de aprender. Es
una inversión que rendirá dividendos en el futuro con una generación de adultos
mejor educados, más fuertes y más sanos, y que también previene que los más
vulnerables sufran en tiempos de crisis.
En los últimos cinco años, al
menos 38 países han puesto en marcha sus programas de alimentación escolar, en respuesta a una crisis, ya sea
relacionada con el precio de los alimentos, los conflictos, los desastres
naturales o la volatilidad financiera.
Durante las crisis de los alimentos y del petróleo en
2008, muchos gobiernos que luchaban por proteger a los más vulnerables del
hambre recurrían a las comidas escolares con ese propósito. En la
recesión actual, incluso los países desarrollados están examinando cómo las
comidas escolares pueden evitar que estas familias sigan decayendo en la
pobreza y el hambre.
La alimentación escolar proporciona una serie de
beneficios en materia de educación, la nutrición, la transferencia de los
ingresos y la producción agrícola local. Por cada dólar que los gobiernos y
donantes invierten, el Programa de alimentación mundial estima que se obtienen
unos 3 dólares en beneficios económicos, según el reporte.
El PMA ha estado operando programas de alimentación
escolar en los países en desarrollo por cerca de medio siglo. En el 2012, el
PMA proporcionó comidas o meriendas escolares a 24,7 millones de niños en 63
países, incluyendo raciones para llevar a casa para 1,3 millones de niñas y
500,000 niños, brindando así un incentivo para que las familias pobres
mantengan a sus hijos en la escuela, en lugar de enviarlos a trabajar en los
campos, en las fábricas o en el hogar.
El PMA apoya a los gobiernos nacionales a mejorar sus
capacidades para implementar programas de alimentación escolar de calidad y
sostenibles, facilitando así el proceso de transición en el cual los gobiernos
asumen la administración y financiación de los programas originalmente
establecidos por el PMA.





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