domingo, 2 de junio de 2013

Cómo el alza de precios de los alimentos afecta a los pobres



Cuando suben los precios, casi todos lo notamos. Pero para una familia pobre que lucha para ganarse la vida en algún país en desarrollo, los efectos pueden ser perjudiciales. No solo tienen un menor nivel de ingresos, también hay otros factores que entran en juego. Por ejemplo, un ciudadano que compra pan por $1.30 en un supermercado probablemente esté pagando en realidad unos 14 centavos por la comida, pues el resto del costo cubre el empaque, transporte, publicidad y gastos generales. Si el precio del trigo se duplica, el pan costará sólo 14 centavos más. En otras palabras, es un aumento manejable.

Los pobres que viven en los países en desarrollo no suelen comprar el pan ya elaborado. Más bien compran una bolsa de harina. Si el precio del maíz se duplica, el precio que pagan por la harina también se duplica. Esto es inmanejable para ellos porque la alimentación representa el mayor gasto del mes.

De hecho, los hogares más pobres en los países en desarrollo pueden gastar hasta un 60-80 por ciento de sus ingresos en alimentos. Cuando los precios aumentan, tienen que gastar aún más de sus escasos recursos en alimentos. Eso significa que tienen menos para sus otras necesidades, tales como ropa, medicinas, libros escolares para los niños, entre otros. Poco a poco los artículos no esenciales quedan excluidos.

Elecciones difíciles 

Para empezar, la gente comienza a reducir la calidad de los alimentos que consumen. Eso significa menos frutas y verduras frescas, al igual que menos carne. Se concentrarán en alimentos básicos, generalmente granos, tales como trigo, maíz o arroz. Esto afecta su ingesta de vitaminas y proteínas, lo que puede ser perjudicial, especialmente si los niños son menores de dos años.

Luego, las familias suelen disminuir el número de veces que comen al día, de tres a dos y luego incluso a una vez por día. Normalmente, cuando las cosas se ponen difíciles, las familias comienzan a buscar otras maneras de ahorrar. Si algún miembro de la familia necesita medicamentos costosos, pueden que estos también sean recortados.

Si una familia tiene un par de cabras o unas cuantas gallinas, por ejemplo, puede que las vendan. Esto les traerá más dinero, pero no es la mejor opción para el futuro, porque significa que ya no se beneficiarán de la leche de cabra y/o los huevos de gallina. Al perder activos de esta manera, las familias son empujadas mucho más hacia la miseria.

La educación también comienza a ser algo no esencial. Los padres pueden retirar a sus hijos de la escuela, para ponerlos a trabajar en cultivos de alimentos o vendiendo cosas en las calles por unas cuantas monedas. Prescindir de una educación es una pérdida intangible si se la compara con la pérdida de una gallina o una cabra, pero las consecuencias a largo plazo serán gravísimas. Puede que los niños ya no regresen más a la escuela; y si eso sucede, las posibilidades de que ellos y sus familias salgan de la pobreza se reducirán, posiblemente para siempre.

Redes de seguridad

Una de las mejores formas de ayudar a los pobres a evitar los drásticos efectos de la subida de los precios de los alimentos es a través de las "redes de seguridad", unos sistemas fiables que suministren alimentos a las personas más vulnerables cuando los tiempos se pongan difíciles. Estas redes incluyen programas de alimentación escolar, asistencia a pequeños agricultores y apoyo nutricional para madres y niños.

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